El desarrollo humano no se limita a las etapas infantiles. En el pasado, teníamos la convicción de que el crecimiento llegaba más o menos hasta los 18 años, cuando el individuo se encuentra supuestamente adaptado a la sociedad y con herramientas personales para desenvolverse y mantener un rol activo y con sentido.
Sin embargo, autores como Erik Erikson empezaron a plantear la posibilidad de que el desarrollo fuera un proceso a lo largo de toda la vida, proponiendo que determinados eventos vitales pueden detenerlo en alguna etapa y requerir un trabajo de tipo psicoterapéutico para desencallar estos estancamientos y permitir que el individuo pueda avanzar hacia una etapa vital sucesiva.
Esta visión ha sido respaldada por hallazgos de la neurociencia, específicamente:
- las neuronas pueden regenerarse y seguir formándose, contrariamente a la hipótesis anterior basada en que tendríamos un número limitado de células neuronales y que su pérdida sería irreversible;
- los 18 años son un punto de inflexión legal que no corresponde con la etapa fisiológica real. Se ha demostrado que el proceso de desarrollo del córtex frontal, la parte cerebral relacionada con la toma de decisiones congruentes, no se desarrolla completamente hasta alrededor de los 25 años;
- contrariamente a la creencia según la cual la inteligencia en las personas mayores declinaría progresivamente, se ha hallado que con la edad se desarrolla otro tipo de inteligencia relacionada con la experiencia y menos con la memoria y la pronteza de asociación.
Esta introducción sirve para presentar mi modelo de acercamiento a los problemas psicológicos de la etapa adulta. Si es cierto que existen problemas típicos y más frecuentes que otros, también es verdad que cada situación es única y que no es posible abordarla sin previamente haber conocido la historia personal y familiar de la persona que acude a consulta con una determinada sintomatología. Este proceso de análisis previo tiene que ver también con los procesos de las etapas vitales de cada persona.
Dos grandes grupos de problemas psicológicos que se traen a consulta está representado por los trastornos de ansiedad y los trastornos depresivos. Sin embargo, existe también una cantidad de situaciones que no configuran un trastorno codificado, pero poseen rasgos ansiosos o depresivos o que simplemente se enmarcan dentro de una visión más existencial.
La ansiedad como tal tiene múltiples formas de manifestación y, muy a menudo, la persona se da cuenta de que convive desde hace mucho tiempo con una sensación de amenaza constante, sin en la realidad objetiva tener la experiencia de que le esté pasando algo peligroso. A veces se describe como una situación de alerta constante y puede manifestarse también en la dificultad a relajarse para descansar.
La depresión también tiene formas diferentes y, si bien en el imaginario colectivo la persona deprimida no sale de la cama, en la realidad la mayoría de las personas con depresión diagnosticada llevan a cabo una vida funcional, van a trabajar, cumplen con sus tareas del día a día, y no siempre la emoción referida es la tristeza o la desesperanza, porque a veces, sobre todo en edad juvenil, la depresión de manifiesta con irritabilidad o con cierto aplanamiento emocional.
Siguiendo con la referencia a Erikson, podemos comprender los problemas psicológicos de los adultos a la luz de la psicología del ciclo vital, sobre todo mediante las aportaciones de la teoría sistémica, y destacar los ejemplos más típicos y frecuentes relacionados con los hitos evolutivos:
- problemas vocacionales: dudas en las elecciones de estudio y trabajo
- problemas en la sexualidad/pareja: dificultades en la formación y mantenimiento de la pareja o dudas sobre la identidad sexual;
- problemas derivados de cambios en el sistema familiar: dificultades relativa a la redefinición de roles (nacimiento de los hijos, separación o divorcio, salida de los hijos del núcleo familiar);
- problemas relacionales con familia extensa/familia política: tienen que ver también con la redefinición de roles a lo largo del ciclo vital familiar;
- problemas en la crianza de los hijos, incluyendo dudas sobre desarrollo, salud, educación, pautas en casa y elección de los colegios y de las actividades sociales;
- sobrecarga emocional por cuidados de hijos o familiares enfermos.
Cada uno de estos problemas se puede convertir en sintomatología clínica ansiosa o depresiva o puede coexistir con ella. Una intervención psicoterapéutica exitosa tendrá en cuenta el diagnostico no tanto para devolver una etiqueta, sino más bien para detectar el foco de la intervención, que puede ser más o menos centrado en el síntoma según si el problema es más clínico o más existencial.
Referencias
Erikson, E. H. (2000). El ciclo vital completado. Ediciones Paidós Ibérica.
Scabini, E. (1995). Psicologia sociale della famiglia. Sviluppo dei legami e trasformazioni sociali. Bollati Boringhieri.


