La ansiedad es un conjunto de reacciones psicofisiológicas que se desencadenan a raíz de una situación percibida como amenazante. Se trata de una reacción adaptativa que deriva en patológica cuando se activa sin existir un desencadenante real de peligro.
¿Cómo se manifiesta la ansiedad infantil?
En los niños, los miedos pueden transformarse en reacciones ansiosas que, si no se acompañan y guían, pueden desembocar en síntomas crónicos.
La clasificación de la ansiedad infantil según el DSM-V comprende:
- trastorno de ansiedad por separación
- fobia específica
- fobia social
- trastorno de pánico
Veamos algún ejemplo de cada tipología, en la base también de lo que más se observa en la consulta de psicoterapia infantil.
Síntomas de ansiedad por separación
En el trastorno de ansiedad por separación, el niño desarrolla reacciones ansiosas cuando debe separarse de las figuras de apego. Es una reacción típica de cierta fase del desarrollo infantil (alrededor de los 9 meses de edad), cuando el bebé empieza a percibirse como entidad separada de la madre y manifiesta angustia y llanto si no tiene la madre disponible. En este caso la reacción es adaptativa, ya que tiene la finalidad de asegurarse la sobrevivencia a través también del recelo hacia otras figuras adultas no conocidas (miedo al extraño).
El problema surge cuando el niño más grande, que debería haber superado esta fase y haber desarrollado confianza en el entorno social, manifiesta la misma reacción. Los niños más pequeños utilizan el mismo patrón de comportamiento del bebé: se agarran a la figura de apego, se esconden detrás de ella, lloran, protestan frente a la demanda de irse con algún otro cuidador o de perder de vista la madre o el padre o la figura de apego principal. Hay que matizar que esta reacción, al comienzo de la guardería o escuela infantil, es completamente fisiológica, pero no lo es en un niño más grande o en otras situaciones sociales en niños que supuestamente ya habían empezado con éxito la apertura al mundo extrafamiliar.
Normalmente, estas reacciones derivan de un bloqueo que necesita ser investigado a través de una intervención con los padres y/o un proceso de psicoterapia infantil y muy a menudo su origen reside en no haber superado e integrado, por alguna razón, el hito de desarrollo de los 9-12 meses por alguna razón vincular, por influencia del entorno social o por haber padecido alguna situación traumática.
Ansiedad y fobias
En las fobias se observa un miedo intenso frente a determinados objetos y situaciones que desencadena a la vez reacciones evitativas. Por ejemplo, algunos niños pueden tener fobia al médico, a la escuela o a determinados animales o fenómenos atmosféricos.
En el caso de la fobia social, se determina una situación de retraimiento y dificultad para disfrutar de situaciones compartidas con el entorno social. Hay que matizar que las reacciones de miedo frente a la interacción social de niños menores de 6 años son completamente fisiológicas. Un niño hasta los 6-7 años no madura aún las competencias sociales que le permiten llevar a cabo procesos de socialización verdadera, tanto con pares como con adultos.
En el trastorno de pánico, poco observable en niños pero más frecuente en adolescentes, la ansiedad se revela en una serie de reacciones psicofisiológicas muy intensas, que se resumen en corte de la respiración y sensación de ahogo que puede llegar a ser extremadamente desagradable porque vivida como “sensación de estar muriéndose”.
¿Cómo calmar la ansiedad de un niño?
Cuando un/a niñ/a se siente sobrepasado por la ansiedad y manifiesta sufrimiento, es comprensible que los progenitores y los adultos referentes queden afectados a su vez. Los miedos pueden llegar a bloquear mucho y a impedir que la criatura lleve una vida normal, socialice, haga deporte y disfrute las actividades de estudio y ocio.
Sin embargo, es esencial empatizar y comprender que la reacción del niño/a deriva de la fisiología. Las reacciones ansiosas son herramientas que el organismo nos brinda para hacer frente al peligro: aunque nosotros no lo veamos, por alguna razón se ha ocasionado una asociación a veces muy profunda, a causa de la cual la persona experimenta reacciones vegetativas que sirven para enfrentar un posible peligro. Si alguien nos amenaza, no seguiremos respirando de manera calmada, no nos relajaremos, no nos dormiremos: nuestro cuerpo está preparado para atacar, huir o congelarse, para poder conservar la integridad frente a una posible agresión. Los pequeños no sólo no funcionan de manera diferente respecto a los adultos, sino que en ellos estas reacciones viscerales son aún más activas, debido a que, por su nivel de desarrollo, están profundamente en contacto con la parte corporal e instintiva.
¿Qué hacer en primer lugar?
No empujar el niño a “ignorar” el miedo, no reñirlo, no decirle que su preocupación no tiene motivo de ser. Esta conducta, a parte no ser útil para resolver la ansiedad, podría empeorar la sintomatología, porque la criatura sentirá además que los adultos en los cuales confían lo le apoyan. La actitud más indicada es expresar al niño/ a que queremos entenderlo/a y acompañarlo/a y preguntarle qué necesita en este momento. A veces, un abrazo, compañía, una infusión caliente, un juego compartido pueden rebajar al menos de manera temporal las reacciones ansiosas, y más cuando esas se juntan con los miedos considerados “evolutivos”, o sea típicos de la mayoría de niños en ciertas fases de desarrollo: el miedo a la oscuridad, la angustia de separación del pequeño de los adultos de referencia, el temor a personas extrañas, etc.
¿Cómo abordamos la ansiedad infantil en psicoterapia?
Con los infantes se trabaja sobre todo a través de la terapia de juego. Las técnicas tienden a ser muy simbólicas y corporales porque el núcleo del síntoma no se puede tratar de manera discursiva o mediante visualizaciones, sobre todo en niños menores de 12 años. Sin embargo, con niños de cualquier edad se puede utilizar la terapia ocular de reprocesamiento (EMI/EMDR), que es especialmente efectiva con las fobias pero también con el miedo a la ansiedad, que es un síntoma muy frecuente y que lleva a temer un futuro ataque de ansiedad.
Los niños más pequeños presentan una sintomatología menos típica y no pueden expresar su miedo verbalmente, pero lo manifiestan con migrañas o síntomas digestivos. En algunos casos es útil aplicar la técnica de reprocesamiento ocular EMI/EMDR a los padres también, como parte del tratamiento del niño.
¿Cómo saber si es TDAH o ansiedad?
Debido a que la sintomatología ansiosa en los infantes aparece mucho menos especifica que en los adolescentes y adultos, a veces familia y escuela se preguntan si la dificultad del pequeño podría ser debida a otras causas, como por ejemplo los problemas de atención típicos del TDAH. A veces, el infante que experimenta síntomas ansiosos no puede parar quieto y manifiesta una conducta irritable. Descodificar el origen de determinadas conductas y estados emocionales puede ser imposible sin una valoración clínica más o menos profunda que llevamos a cabo en los procesos de valoración en psicoterapia infantil.
Cuando podemos trabajar con el infante y su familia, para descartar otros trastornos, llevamos a cabo una anamnesis completa con los padres y administramos tests proyectivos para valorar la situación emocional del menor. Con el niño más grande, alrededor de los 12 años, se puede administrar el cuestionario STAIC de Spielberger para valorar junto con él su tendencia ansiosa y se pueden emplear técnicas de relajación y respiración.
¿Cómo saber si un niño necesita terapia?
Valora pedir una asesoría de valoración de psicoterapia infantil en presencia de los siguientes factores:
- Tu hijo/a no se calma a través del acompañamiento y la contención en casa y las crisis ansiosas aumentan en frecuencia o intensidad;
- Tú mismo, el otro progenitor y/o otras personas significativas del día a día expresáis angustia frente a la necesidad de tener que acompañar y contener las crisis emocionales del pequeño
- Se han manifestado síntomas regresivos, por ejemplo el niño pide dormir con los padres cuando antes no lo hacía, o tiene episodios de enuresis nocturna o diurna, o frecuentes episodios de malestar que requieren saltar varios días de clase o actividades extraescolares que antes disfrutaba
- Se manifiestan pesadillas o terrores nocturnos o el niño tiene una dificultad extrema para dormirse o quedarse dormido
Según diferentes estudios, la ansiedad infantojuvenil está correlacionada con la de los padres. No se ha detectado un modelo de transmisión de tipo genético, sino que se ha apreciado una influencia de tipo conductual. Una tendencia ansiosa a nivel familiar y la coexistencia con determinados estilos de crianza se relaciona con la existencia del rasgo ansioso en los hijos, que a su vez aumenta el riesgo de desarrollar síntomas ansiosos o trastornos de ansiedad a lo largo del desarrollo.
Referencias:
Caballo, V. y Simón, M. A. (2001). Manual de psicología clínica infantil y del adolescente. Trastornos generales. Pirámide
Leoni, C. (2022). Correlación entre ansiedad-rasgo y clima familiar en adolescentes catalanes. Trabajo Final de Máster en Psicología General Sanitaria. UNIR.


